octubre 1st, 2010 by admin
ATLANTIC CITY, Nueva Jersey, EE.UU. — Necesitados de fondos, los estados de todo el país están apelando con creciente frecuencia al dinero fácil de los casinos, pero esa apuesta podría terminar lastimando a los contribuyentes si la oferta de máquinas tragamonedas, mesas de póker e hipódromos excede la demanda.
El frenesí por abrir casinos es particularmente notable en el noroeste del país, donde hay 41 casinos funcionando y se planean otros 20.
Atlantic City monopolizó por décadas los juegos de azar fuera de Nevada y siente el impacto de la competencia. Nueva York, donde funcionan casinos operados por tribus indígenas, acaba de aprobar la instalación de máquinas tragamonedas en el hipódromo Aqueduct. Pensilvania incorporó mesas de juegos como póker y blackjack a sus nueve casinos de máquinas tragamonedas y se planea la construcción de otros cinco casinos.
Los legisladores de Massachusetts acaban de aprobar la apertura de las primeras salas de juego del estado, que competirán con dos casinos de indígenas de Connecticut.
El electorado de Maine se pronunciará sobre el tema de los casinos en noviembre; en Ohio acaban de aprobar los casinos; Maryland abre su primer casino en los próximos meses y tres hipódromos de Delaware tienen ahora mesas de juego.
Las consecuencias de una saturación podrían ser nefastas. Las empresas están invirtiendo miles de millones de dólares para quedarse con una porción cada vez más chica de la torta, en tanto que los gobiernos necesitan los ingresos generados por los impuestos a los casinos y a las ganancias.
Los estados hablan abiertamente de apelar a cualquier recurso para atraer a jugadores de estados vecinos al tiempo que consideran un deber casi religioso el que sus residentes no vayan a casas de juego de otros estados.
“El gobierno quiere dinero fácil, y los casinos se la dan”, afirmó Tom Carver, director ejecutivo de una agencia que promueve los casinos en Nueva Jersey, la Casino Reinvestment Development Authority. “Nuestros ciudadanos van a casinos en otros sitios y gastan allí dinero que debería quedar en nuestro estado. Por lo tanto, necesitamos nuestros propios casinos”.
“El problema es que la gente se está quedando sin dinero”, agregó.
Ejecutivos y analistas, por otro lado, dicen que la densa población del noreste hace que la región sea terreno fértil para la aparición de nuevos casinos y que el riesgo de saturación es limitado.
Un jugador promedio gasta 108 dólares en una visita a un casino, según la Asociación Nacional de Juegos de Azar (American Gaming Association). Los estados cobran un impuesto a las ganancias que varía del 6,75% de nevada al 55% de Pensilvania.
Una excesiva dependencia de los casinos puede ser peligrosa. En el 2006, los 11 casinos de Nueva Jersey pagaron más de 500 millones de dólares en impuestos estatales. El año pasado esa cifra bajó a 312 millones y se pronostica que este año será de 275 millones.
En Pensilvania, a una hora de auto de Atlantic City, hubo un aumento en los ingresos de las máquinas tragamonedas, derivado en parte de la incorporación de mesas de juego, según un portavoz de la Junta de Control de Juegos de Azar (Gaming Control Board).