Son las famosas tragamonedas de calle, conocidas también como tragaperras, que con luces y colores brillantes atraen a los asiduos o incautos que se acercan a “probar suerte” para ver si escuchan el dulce tintinar de las monedas cayendo como premio.
Una década atrás se encontraban sólo en casinos como el de Viña del Mar, Peñuelas o Iquique, pero hoy han inundado todos los rincones y ya quedan pocos almacenes de barrio donde no se encuentre al menos una de estas atrayentes maquinitas, donde echar algunas monedas y salir con cientos es el sueño compartido entre los jugadores. Detrás de ellas, hay una multimillonaria industria que por hoy enfrenta tres denuncias que han dado origen a dos investigaciones judiciales, radicadas en la Fiscalía Centro Norte, por juego ilegal y evasión tributaria, respectivamente. En lo que a esta última se refiere, se estima en más de 500 millones de pesos la evasión relacionada sólo a tres contribuyentes.
La mayoría de las máquinas se importan por partes y se arman en el país, luego se venden a través de internet, de contactos o porque los propios dueños las ofrecen a comerciantes con un costo que va entre los $160.000 y $280.000, dependiendo de si los insumos son chinos o de mayor calidad, o si cuenta con pantalla LCD, por ejemplo. ¿Cuánto recauda cada una? No hay certeza, pero existe consenso entre los relacionados al tema en que, en promedio, cada una capta entre 250 mil y 300 mil pesos mensuales.
Se estima que en Chile existen en la actualidad 250 mil tragamonedas de calle. Es decir, esta peculiar industria llegaría a mover hasta 75.000 millones de pesos mensuales; 900.000 millones de pesos al año o, en dólares, 1.700 millones anuales, equivalente a la inversión necesaria para la implementación de una central termoeléctrica capaz de abastecer a cuatro de las cinco divisiones de Codelco.
¿Entre cuántos se reparte el pozo? Sólo Dios podría saberlo.



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